domingo 18 de septiembre de 2011

Seis meses

La vida a veces nos regala temporadas para que cojamos carrerilla. Épocas en las que parece que somos invencibles. Periodos en los que olvidamos que en otro tiempo las cosas no eran tan fáciles. Momentos en los que nos cuesta incluso imaginar que en algún instante futuro podamos volver a caer. Lo bueno nos abraza. Lo malo queda lejos. Y es casi imposible recordar el sabor de las lágrimas o recrear el rostro del dolor.


Desde hace seis meses no consigo comprender cómo son las mañanas cuando la vida aprieta. No acierto a esbozar en mi memoria aquellas tardes de invierno en las que la existencia pesa algo más de lo normal. No puedo acordarme de cómo es sentirse bajo de energía. De cuánto deprimen algunos domingos por la tarde. De por qué a veces es imposible sonreír.


Y es que con el buen tiempo llegó el sol a mi vida. Un sol de ojos profundos, carcajada de niño y luz muy especial. Mi alma gemela. Mi mejor amigo. Mi amado. Mi amante. Mi talismán. Desde que cruzamos nuestras dos primeras palabras en aquella placita de Gracia, mi vida no hizo más que despegar. La suerte llama a la suerte, dicen. Y con él llegó la fortuna -en mayúsculas, subrayada y estampada sobre luces de neón-.


Seis meses -seis meses ya-. Seis meses de paseos en moto y besos en el portal. De bocadillos en la playa, desayunos en la terraza y cenitas por ahí. Seis meses de escapadas a la Costa Brava. Seis meses resumiéndonos la vida. Seis meses sin miedo a sentir. Seis meses de cincuenta metros cuadrados, dúplex abuhardillado, Ikea y terrazón. Seis meses descubriendo matices en los giros de tu voz. Seis meses de domingos por la mañana, café, periódico y calor. Seis meses sin tener que mirar sobre la almohada para saber que estás aquí. Seis meses de sopas chinas, currys tailandeses y yogurts. Seis meses de cosquillas sobre la cama. De llamadas a todas horas. De mensajes en la pizarra. De te quiero porque sí. Seis meses de tu copa de vino brindando a la salud de mi birra. Seis meses de masajes y caricias, de cuentos, de consejos y de risas. Seis meses de artículos a cuatro manos, proyectos a dos cabezas y muchos sueños por cumplir. Seis meses de utopías y de pies en el suelo, de puntos medios, de equilibrios, de aquella cuerda floja que siempre tutela una red. Seis meses sin querer irme lejos. Seis meses sabiendo qué es exactamente lo que quiero. Seis meses con la certeza de que nunca he querido -ni me han querido- así.

5 comentarios:

Jofre dijo...

Des del museu hem posat un focus amb l'última tecnologia LED per a què es vegi millor el teu somriure de felicitat. Enhorabona pel mig aniversari!

Olga Moya dijo...

Hombreeee! Tú por aquí! Moltes gràcies per les paraules, el focus i el somriures que tu també regales al mig de la cova! Petonets!

Don Rigodon dijo...

Y yo me pregunto: ¿Cómo no enamorarse? De esas pestañas al cielo; de la pasión hecha mujer; de un corazón de cien quilates.

¿Cómo no quererla? A la bondad infinita; a una amistad sincera; a quien te regala su amor incondicional.

¿Cómo no admirarla? La locuacidad con piernas; una consejera para el día a día; una maestra en la vida.

¿Cómo no amarla? A quien me robó el corazón; a quien sólo desprende amor; a quien me hizo volver a ilusionarme como un niño.

Gracias por estos seis meses.

Seis meses de un amor inconfesable; de terapias particulares; de abrazos en la oscuridad; de paseos arriba y abajo; de viajes por todo el mundo sin salir de casa; de escribir, verte escribir y disfrutarlo juntos; de aprender el uno del otro; de sumar; de esperarnos a la salida; de ese misterioso cosquilleo cuando volvemos a estar juntos; de tu calor; de hablar en la mesa de un restaurante; de guardar silencio mientras nos miramos a los ojos; de tocarnos; de jugar a ser niños y mirar el mundo desde nuestra perspectiva; de buscarnos las cosquillas; de reír; de soñar despiertos e ilusionarnos porque sí; de mi calor; de la ética de Kant aplicada al mundo de hoy; de callejear hasta lograr perdernos y volver a encontrarnos cada mañana; de rendirnos al sofá, ¡dichoso sofá!; de levantarnos porque a uno se le ocurrió una idea; de un niño negrito y un gato asilvestrado; de conocer un nuevo lugar que ahora será nuestro lugar; de una cena romántica en cualquier parte; de una amistad para siempre; de historias lejanas de una isla con promesa de volver; de recordar el día que nos conocimos y saborearlo una vez más; de una plaza con cuerpo de metal que nos bautizó.

Seis meses de saber apreciar la suerte que tenemos.

Gracias a la magia del mundo de las casualidades: ¡tú apareciste!

Olga Moya dijo...

Sólo nos falta la lluvia, una banda sonora italiana y un paraguas bajo el que cobijar el beso para sentirnos dentro de una película. GRACIAS.

Esperanza dijo...

Sin comentarios, Mas Felicidad imposible
Te quiero y a Don Rigodon tambien por saber hacerte tan feliz