Al final va a resultar cierto eso de que Buda nunca cierra una puerta, sin abrirte una ventana (o un par; o media docena; o millones de ellas: todo depende de lo abiertos que se tengan los ojos con los que uno mira alrededor). En realidad, no es tanto cosa del Olimpo de los Dioses como de la supervivencia del género humano. Cuando entrabas y salías por aquella puerta -grande, cómoda, segura, espaciosa- jamás tuviste que aventurarte a través de la ventana del comedor -pequeña, peligrosa, desafiante- y arriesgarte a caer al vacío mientras intentabas deslizarte por las tuberías hasta la calle. Pero ahora, sin embargo, con aquella puerta cerrada a cal y canto -y muchas, muchísimas ganas, de respirar aire fresco- no te queda más remedio que hallar otra salida
-o morir de inanición.-
La adversidad agudiza el ingenio. Amén. Shanti. Shanti. Om.
(Aunque el verdadero reto estaría en disponer de una inmensa puerta y seguir siendo capaz de saltar por la ventana de vez en cuando)
Desde aquel famoso portazo que me dejó con cara de tonta
-tocándome incrédula la nariz dolorida por el impacto-
no he dejado de abrir ventanas. Algunas han resultado ser ventanucos de escasa ventilación; la mayoría, enormes ventanales cuya luz me ha arrancado de mi somnolienta hibernación día tras día. Los he cruzado. Me he asomado al otro lado. Y me ha gustado lo que he visto.
Me ha gustado reencontrarme con el yoga y con esa sensación de profunda relajación y energía desbordada que le sigue a cualquiera de mis clases.
Me ha gustado volver a confiar en mi intuición. Conocer a alguien de manera casual, que me propusiera un plan y saber decir sí. Como si no viviera en Barcelona, como si estuviera de paso. Como cuando viajaba. Como antaño.
Me ha gustado caminar sin prisas de nuevo. Mirar la ciudad como si la estuviera viendo por vez primera. Sentarme en una cafetería sola y libro en mano.
Me ha gustado volver a hacer un taller de masaje tailandés.
Me ha gustado acabar como por arte de magia rodeada por un grupo de personas con las que comparto inquietudes, ideas y miradas. Me gusta volver a sentir que no soy tan rara. Que en esta sociedad podridamente occidental obsesionada con tener, hay gente que todavía se preocupa por ser.
Mi espíritu zen vuelve a estar vivo, en definitiva.
Y esta vez no he tenido que llegar hasta Asia.
(Con saltar por la ventana me ha bastado)
4 comentarios:
Cada minuto de nuestra vida es una oportunidad para dar un paso más. Cada vez los raros somos los menos raros de este mundo, porque somos cada vez más los que nos paramos, miramos alrededor y nos percatamos que no respirábamos aire hasta ahora, que no veíamos la luz del sol, que no conocíamos las estrellas, que nos habíamos olvidado de nosotros mismos. Cada vez somos menos raros los que nos atormenta el conformismo de la indolencia.
Yo miro a los ojos de muchas personas y veo el vacío. Me pregunto qué fue lo que les robó el corazón, la ilusión, su espíritu. Les contemplo con la adulación con la que un niño mira a un anciano, pero con el determinismo de quien se siente diferente, de quien por primera vez en muchos años tiene una oportunidad para intentar escapar del río del sinsentido.
En los últimos 150 años nos han enseñado a ser máquinas. Era lo que se dio a conocer como la revolución industrial. Nos enseñaron cómo debíamos pensar, escondiendo las emociones, los sentimientos. Nos enseñaron a ser productivos, eficientes, a no cuestionarnos. Estas enseñanzas quedaron gravadas en nosotros, en nuestros padres, en la misma sociedad. Ahora debemos aprender a desaprender. Esta es una lección difícil de asumir. En este momento histórico que atravesamos hemos alcanzado un punto de madurez que nos permitirá cambiar el mundo en el que vivimos. Nosotros sólo somos la avanzadilla. Somos los precursores de un movimiento que ya ha empezado. Dejar de vivir hacia fuera para mirar hacia dentro. Poner todo lo asumido en duda. Volver a ser personas. Volver a creer en el amor, desde nuestro propio conocimiento. Volver a ser humanos.
Y aunque muchos nos miren con escepticismo y sin comprensión, nosotros ahora sabemos cuál es el camino.
Ahora tú has abierto una gran ventana a la vida, al amor, y en definitiva, a tu propio interior. Mírala sin miedo pero con respeto. Asoma la cabeza. Echa un vistazo. El fulgor de tu luz interna te guiará hasta el siguiente paso.
No te conozco (creo...) aunque al leerte tengo la sensación de haberte escuchado en sueños.
"Aprender a desaprender" y "Poner todo lo asumido en duda": me quedo con estas dos frases.
Gracias por haberte parado en estas pàginas, Rigodon. Cuando necesites descansar de tu particular vuelta al mundo, aquí siempre tendrás un lecho de palabras a tu disposición (y unos ojos deseando leerte).
"Y como el fuego reflejado en el agua, dibujaba partículas de Dios"
http://listen.grooveshark.com/s/Vivo/2Tdzd2?src=5
El yoga es maravilloso, hace un año que lo conozco y practico. Me encantó el comentario de DonRigodon.
Publicar un comentario en la entrada