domingo 6 de febrero de 2011

El naufragio

W

y yo.
Y el mar.
El océano...
Y aquel barco
al que me pedías
que me subiera de
tu mano.
Yo tenía miedo. Mucho.
Y ganas. Muchísimas más.
Tú querías que surcáramos los
mares juntos, hasta el horizonte.
(O más allá)
Yo quería amanecer muchos días a tu lado.
Y sonreí. Y te pedí que no te rindieras nunca,
que no me abandonaras a merced de los vientos,
que no dejaras de remar.

Pero las tempestades pudieron con nosotros. Nos hundimos.
Y todavía tengo el sabor amargo a agua salada
clavado en el paladar.


5 comentarios:

Goathemala dijo...

Hermoso, también tienes una vela de palabras que te llevará a otro lugar.

Un abrazo.

Olga Moya dijo...

Tan hermoso como doloroso. De nuevo la vida me confirma que no hay blanco sin negro, día sin noche, ni enamoramiento sin dolor.

Sí, afortunadamente los vientos cambian a menudo. El secreto está en mantener la vela izada y saber aprovechar su soplo para poder llegar a puerto y estar a salvo otra vez.

Otro abrazo!

Esperanza dijo...

Como me gustaria poder evitarte este dolor.....pero no puedo. El sufrimiento, el dolor, la esperanza, la alegria, son innatos a la persona en el dia a dia. Eres una persona optimista sé que llegaras a puerto, que volveras a enamorarte y a llenar la casa con tus risas, pero si esto tarda en suceder y ves que te hundes, que te faltan fuerzas, quiero que cojas mi mano con fuerza. Sabes que siempre estoy sin agobiar, sin casi que te des cuenta, pero estoy para lo bueno y para lo malo.
Te Kiero

Olga Moya dijo...

Qué moderna mi madre con sus "kas"...

Yo también te quiero. Molt. Ja ho saps.

Goathemala dijo...

Una pena que para conocer el gozo sea imprescindible que nos presente su tarjeta de visita el dolor, el desamor.

Qué estéril decirte que casi todos hemos pasado por esa etapa precisamente a tu edad.

Tú espera que los vientos cambian, mira lo que te dice tu madre.

Paciencia, aguante, optimismo y a quererse mucho.