No me gustan los años redondos. No se me dan bien. Creo que me estresa la perfección que encierran sus cifras de profundidad muy plana. Al igual que con los hombres o las ciudades, los años me gustan imperfectos pero con personalidad. Hace mucho que dejaron de ponerme esos torsos esculpidos a golpe de gimnasio. En ciudades, soy más de Roma o de Lisboa que de París. Siempre supe que el 2010 sería un mal año. Quizás fuera porque nunca me han gustado demasiado los protagonismos. Suelo apostar por los actores secundarios. Y el 2011 se me antoja un año imperfecto, sin pretensiones ni eslogan, en el que puedo encajar.
El 2010 ha sido el año en el que he cumplido treinta. El año en el que he temido por vez primera a la muerte. El año en el que he tenido que acudir más veces de visita a un hospital. El 2010 ha sido también el año en el que he vuelto a casa de mis padres, el año en el que he temido que me faltara el dinero, el año en que mi estómago empezó a decir basta. El 2010 ha sido el año en el que decidí voluntariamente volver a vivir en Barcelona. El año en el que logré dejar de morderme las uñas, el año en el que me apunté de nuevo al gimnasio, el año en el que conseguí -por un tiempo- dejar de fumar. En 2010 regresé a India y Tailandia. En 2010 he comenzado a pedir los cafés descafeinados, a tomar pastillas para el pelo y a usar cremas para las arruguitas de expresión. El 2010 ha sido el año en el que me he dado cuenta de que me estoy haciendo mayor. El 2010 ha sido también -o sobre todo- el año en el que creí encontrar el amor de mi vida, el año en el que recordé lo bien que sienta despertarse junto a alguien al que amas, el año en el que rememoré que no existe enamoramiento sin dolor. En 2010 pisé por primera vez el África negra. En 2010 decidí cortarme el pelo, pintarme las uñas, calzar tacones y volverme a maquillar. En 2010 he estado cerca de los míos. Encontré trabajo de nuevo, me encargaron mi primer libro, volví a publicar artículos asiduamente y no perdí el buen hábito de escupir palabras en tinta y papel cada vez que tenía algo que purgar. En 2010 me planteé por primera ponerme a vivir en pecado. En 2010 me pareció que el nuevo reto estaba en hacer una vida normal. En 2010 acampé felizmente en la cotidianidad. En 2010 decidí atar algo más corto a Peter Pan.
Feliz año impar, imperfecto, anómalo y triangular.
4 comentarios:
Pues a pesar de haber sido un año de altibajos y sorpresas en tu vida, a mí me parece un año muy vivido y muy válido. Un año desde el que se puede seguir avanzando, en el que todo (y tú también) ha cambiado y seguido evolucionando. Un año que te habrá merecido la pena.
Y el 2011 lo merecerá aún más.
Feliz año nuevo, Olga.
Al fín y al cabo, los años sirven para eso, para evolucionar. Mal asunto si uno permanece perenne. Sí, definitivamente mi año ha merecido la pena. Y el tuyo también. En 2009 no vimos, en 2010 coincidimos de nuevo... que el 2011 me lleve a tu verita sureña! Muchos sueños, nemito! Y más felicidad!
Pues en algunas de tus palabras me he sentido identificado, a mi la perfección me aburre sobremanera. También he pasado de no saber como era el hospital de al lado a conocerme todos sus vericuetos. Ahora, con un páncreas inútil y un 21% menos de mí, sé mejor qué es la vida y por ende pienso apurarla.
Te deseo todo lo mejor para el año que nace, y que pueda leerte mucho tiempo más y en papel.
Un abrazo.
Igualmente Goathemala! Sueños (muchos y por cumplir)!
Publicar un comentario en la entrada